El paisaje urbano en la pintura

Todos los aficionados al arte moderno y contemporáneo reconocerán que los paisajes urbanos forman parte sustancial de la escena artística de la época reciente, desde el París impresionista de Pissarro o Monet al Madrid de Antonio López, pasando por el Nueva York de Richard Estes, o los paisajes abstractos de Willem de Kooning. Pero, ¿dónde comienza esta tradición? ¿Qué camino ha recorrido el arte hasta llegar a este rico acervo de visiones de la ciudad? En este artículo se propone un recorrido por la historia del paisaje urbano, desde los comienzos del Arte hasta el siglo XXI

 

La antigüedad

Del mismo modo que no existe consenso acerca de la fecha exacta del nacimiento de la primera ciudad (generalmente se ha venido considerando a Ur y otras ciudades mesopotámicas como las primeras ciudades de la historia, pero Çatalhöyük, en Anatolia, podría reclamar tal título), no podemos establecer un comienzo exacto en la historia de la pintura urbana.

En Acrotiri, en la isla griega de Santorini, se ha hallado un enigmático fresco (conocido como el “Fresco de los barcos”) representando un viaje en barco entre dos ciudades fortificadas, que no obstante no son las protagonistas de la composición. Algo que si ocurre en el llamado “Fresco de la ciudad”, una vista aérea de una ciudad portuaria (real o imaginaria) encontrada en 1997 en las Termas de Trajano; y que podría considerarse, a espera de un estudio detallado del mismo, el primer paisaje urbano completo de la historia de la pintura. En Estabia, en las cercanías de Pompeya, se han encontrado frescos romanos representando una ciudad costera.

 

La consagración del paisaje urbano: la Escuela de Delft

La bella ciudad de Delft, al oeste de Holanda, causó una especial admiración entre los pintores desde el final del renacimiento, apareciendo como protagonista en obras como “Delft Vanuit het Westen” (c.1615), de Hendrick Cornelisz Vroom. Pero es en la segunda mitad del siglo XVII, tras la catastrófica explosión ocurrida en la ciudad en 1654 (notablemente representada por el pintor Egbert van der Poel en su “Explosión en Delft”), cuando la llamada “Escuela de Delft” llega a su apogeo.

El artista más destacado de esta escuela es Johannes Vermeer. Pintor de producción muy limitada, en el conjunto de las apenas 35 obras que pueden ser atribuidas al artista, se encuentran dos paisajes urbanos que pueden ser considerados entre los más importantes jamás pintados. La primera de ellas es la famosísima “Vista de Delft”, de la que Marcel Proust llegó a declarar que era “el más bello cuadro del mundo”. En ella, la increíble precisión con la que el artista pinta la arquitectura de Delft hace pensar a muchos críticos que Vermeer recurrió al uso de una cámara oscura para ayudarse en su tarea. Menos famosa que la obra anterior, “La callejuela” (1661, Rijksmuseum, Ámsterdam) reúne en una composición aparentemente sencilla varios elementos, como la marcada asimetría de la composición, o el gusto por la cotidianeidad, que anticipan los paisajes urbanos del siglo XX.

 

La ciudad contemporánea: fotorrealismo e hiperrealismo

Tras la Segunda Guerra Mundial, las visiones pictóricas de la ciudad se multiplican, apareciendo ya en el repertorio de los artistas del expresionismo abstracto, como en el “City landscape” de Joan Mitchell (1955, Art Institute de Chicago) o en algunos experimentos de Willem de Kooning.

Apartándose del expresionismo abstracto dominante a finales de los 40 y principios de los 50, los pintores del llamado “Bay Area Figurative Movement” recurren a la pintura figurativa para representar la luz de la costa oeste. Richard Diebenkorn (1922-1993) comenzó adoptando el estilo del expresionismo abstracto, pero pronto apostó por la pintura figurativa (“Cityscape I”, 1963, San Francisco Museum of Modern Art). Wayne Thiebaud, también conocido por sus pinturas de juguetes y golosinas, es también conocido por sus perspectivas de las enormes avenidas y autopistas californianas, dentro de una producción artística que llega hasta nuestros días.

Pero quienes de verdad tomaron el paisaje urbano como la parte fundamental de su obra en tiempos recientes han sido los pintores fotorrealistas e hiperrealistas. Dentro de los primeros, el más importante es Richard Estes (nacido en 1932), posiblemente el mejor retratista de los paisajes neoyorquinos desde George Bellows, con una producción artística que abarca desde el brillante “Horn and Hardart Automat” de 1967 hasta el reciente “Broadway Bus Stop, Near Lincoln Center” de 2010. Además de Estes, merece ser mencionada la obra de Rackstraw Downes (nacido en 1939), inglés afincado en Nueva York, y la de Yvonne Jacquette (nacida en 1934), autora de vistas aéreas de las grandes ciudades americanas. En España, destaca la figura hiperrealista de Antonio López, cuya “Gran Vía” (1974-1981) forma parte de la historia de la pintura española

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